Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.
Expuesto a la intemperie y resignado,
el frío... ¡cómo corta
mi cuerpo!
Sobre la rama seca
un cuervo se ha posado;
tarde de otoño.
A la intemperie,
se va infiltrando el viento
hasta mi alma.
Todo en calma.
Penetra en las rocas
la voz de la cigarra.
La primavera pasa;
lloran las aves
y son lágrimas los ojos de los peces.
Aroma del ciruelo,
de repente el sol sale.
Senda del monte.
Luna de agosto.
Hasta el portón irrumpe
la marejada.
Habiendo enfermado en el camino,
mis sueños merodean
por páramos yermos.
Hoy el rocío
borrará la divisa
de mi sombrero.
¡Débiles son mis piernas!
pero está en flor
el monte Yoshino.
Se oscurece el mar.
Las voces de los patos
son vagamente blancas.
Como recuerdo,
a una amapola
deja sus alas la mariposa
En verano,
las montañas y el jardín
se van adentrando hasta mi habitación.
Plenilunio de otoño;
paseo en torno al estanque
toda la noche.
Los crisantemos
se incorporan, etéreos,
tras el chubasco.
Visión en sombras.
Llora una anciana sola,
la luna como amiga.
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